Mi manifiesto deportivo
(para que no se me olvide quién soy cuando empieza la temporada)
El automovilismo no es una afición.
Es mi idioma madre. Mi vida.
NASCAR y Fórmula 1 no los veo para entretenerme, los vivo porque ahí entiendo el mundo: la técnica, el riesgo, la toma de decisiones bajo presión. Hendrick Motorsports y Ferrari no son equipos, son referencias. Una es método y excelencia. La otra es historia, pasión y tragedia hermosa. Ahí está mi centro.
En la NFL soy de Washington.
No porque ganen. No porque convenga.
Porque así es el amor adulto: incómodo, leal y sin garantías.
Washington se sufre, se espera, se acompaña. NO SE CAMBIA.
También crecí en los 80 y 90, y eso deja marca.
Los 49ers fueron mi educación sentimental en el fútbol americano. Montana, Young, elegancia, inteligencia. No son mi equipo hoy, pero sí son parte de cómo aprendí a mirar el juego. Eso no se borra.
Y sí, tengo cariño por New England.
No por Brady. No por los títulos.
Por New Hampshire, por Manchester, por la familia, por el territorio vivido. Es afecto geográfico, no fanatismo ciego. Eso también cuenta.
En el béisbol, Yankees.
Porque Nueva York. Porque historia. Porque el Bronx no pide permiso.
En el básquet, Knicks.
Porque sufrir también es una forma de pertenecer. Porque el Madison pesa más que los anillos. Y en femenino, Liberty.
Porque Nueva York también se escribe en plural.
En el hockey, Rangers.
Misma lógica. Mismo templo. Mismo frío.
En el fútbol, no busco imperios.
Busco identidad.
Chelsea porque tiene carácter y caos.
Napoli porque el sur también puede ganar y por ser la casa de El Diego.
Atlético de Madrid, porque pelear contra gigantes dice más de ti que ser uno.
Pumas porque la universidad te marca para siempre.
NYCFC y Gotham no son moda.
Son ciudad. Son presente. Son extender el mapa.
No apoyo equipos para ganar discusiones.
Los apoyo para entenderme.
Tengo jerarquías, tengo capas, tengo memoria.
No me contradigo: me explico.
Cuando Washington no está, acompaño sin traicionarme.
Cuando ganan otros, miro con respeto.
Cuando pierden los míos, sigo aquí.
Este no es un currículum de fandom.
Es una biografía emocional contada a través del deporte.
Y con eso, me basta.