El último catón y la ficción religiosa que te desafía
Ciudad de México, 26 de febrero de 2026.
Terminé de leer El último catón de Matilde Asensi esta madrugada. Lo hice en el Kindle, como casi todo lo que leo en la noche.
Es parte de la lista de lecturas de ficción religiosa que empecé el año pasado, después de la muerte del Papa. Eso me hizo recordar cuánto me gustaban estas novelas que combinan religión con historia. Venía de leer dos libros consecutivos de Dan Brown y me esperaba algo en la misma línea. Ya había investigado y sabía que no iba a ser lo mismo, que podía ser más denso. Y efectivamente así fue.
Quiero decir que no soy un crítico literario. No tengo tanto conocimiento ni he leído tanto y evidentemente no he escrito hasta el momento una novela, aunque está en mi lista de deseos antes de morir. Me gusta leer y lo que quiero es compartir mi experiencia. Por qué lo hice, cuándo lo hice y qué me hizo sentir.
No tenía referencia de Matilde Asensi. Resulta que es una autora española muy conocida y que este es probablemente su libro más popular, con millones de lectores. Lo publicó en 2001, dos años antes que El código Da Vinci. Fue pionera en el género.
Este libro lo leí a lo largo de un par de meses. No fue tan ágil como esperaba, porque fueron las semanas de fin de año, mi cumpleaños, juegos de fútbol, el Super Bowl, luego Daytona. Estaba atareado. El caso es que lo disfruté.
La primera parte se me hizo densa. Mucho simbolismo, muchas referencias. Como buena novela, primero te va presentando a los personajes. La protagonista es Ottavia Salina, una monja italiana de familia siciliana que trabaja como paleógrafa en los archivos secretos del Vaticano, una de las personalidades más reconocidas en descifrar símbolos y documentos antiguos. Se suma a un equipo de tres personas: ella, Kaspar Glauser-Röist, capitán de la Guardia Suiza Vaticana, y Farag Boswell, un arqueólogo egipcio. Juntos tienen que resolver un misterio sobre robos de reliquias de la Vera Cruz, la cruz de Cristo, que están desapareciendo de iglesias católicas y cristianas alrededor del mundo.
El mapa para resolver estos misterios es el paso por el Purgatorio de la Divina Comedia de Dante Alighieri. Siete pruebas basadas en los siete pecados capitales, en siete ciudades distintas. La novela va relatando cómo superan cada etapa. Está llena de análisis, palabras en italiano, en griego, referencias históricas. Vienen prácticamente transcritos los tercetos de la Divina Comedia, lo cual puede ser pesado si no estás familiarizado con la literatura clásica. De repente no entendía de qué me estaban hablando. Palabras rebuscadas. Yo que me las daba del muy entendido y de repente me quedaban un escalón arriba. Ahora ya lo sé, al menos ya sé en dónde me encuentro. Y eso que es una novela.
Pero como a la mitad del libro todo empieza a tomar sentido y se hace más humano. A Ottavia le empiezan a suceder cosas. Ella cambia como persona, como mujer. Poco a poco la simbología se convierte en novela policiaca, pero también en una historia de relaciones humanas y personales.
Soy muy malo con esto. No sé si llamar esto crítica, reseña o plática de experiencia, y no quisiera arruinar nada del libro. El caso es que el desenlace no me lo esperaba. Los personajes se transforman en algo inesperado. No es una transformación física, es una transformación de esencia. No quiero decir más.
Es una novela entretenida. La sentí densa al principio, con mucha referencia a literatura y simbología clásica que me desafió. Me motivó y me gustó. No la pondría como un libro para principiantes. Tiene un nivel intermedio. La recomiendo para alguien que ya ha leído dos o tres cosas sobre esta temática, como los libros de Dan Brown o, sin ir más lejos, El código Da Vinci, que fue mi lectura anterior en esta línea.
Mi calificación: 8 sobre 10.
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