Cineclub: Batman, el caballero de la noche
Ciudad de México, 25 de febrero de 2026. Por la tarde.
La vi con AirPods y valió completamente la pena. No tienes los canales del cine, pero la sensación de cercanía con el sonido es otra cosa. Y en esta película, el sonido lo es todo.
Lo primero que notas es la música. Está presente prácticamente todo el tiempo. Siempre hay algo en el fondo. Hans Zimmer construyó el tema del Joker a partir de dos notas. Literalmente dos. Una nota sostenida y otra que sube lentamente, como un zumbido que te va apretando sin que te des cuenta. Zimmer dijo que quería describir la anarquía con el mínimo posible, que intentó hacerlo con una sola nota y que "falló ligeramente" porque terminó necesitando dos. Esa economía se siente en cada escena. La música no acompaña la tensión. La música es la tensión. Te lleva de una calma aparente hacia un punto alto con latidos muy marcados, como si te estuviera regulando el pulso.
Del robo al banco en la primera secuencia no sé qué más pueda decir que no se haya dicho. Es una de las secuencias más emblemáticas del cine reciente. Pero lo que me interesa más es lo que viene después. La profundidad de los personajes.
El Joker cambia su historia cada vez que alguien le pregunta por las cicatrices. Tal vez fue su padre. Tal vez fue él mismo. No queda claro y no tiene que quedar claro. Es un personaje que construye su identidad en la contradicción. Y es, paradójicamente, el único que siempre dice la verdad en toda la película. Todos los demás mienten, disimulan, calculan. El Joker te dice exactamente lo que piensa.
Harvey Dent, el fiscal, nos representa. Es el espectador. Tiene esa sed de justicia, esa convicción de que va a hacer el bien. Hasta que lo amenazan en lo que más quiere. Y ahí se quiebra.
Y Batman se enfrenta a algo que él mismo creó. Es por la existencia de Batman que el Joker existe. La mafia necesitaba a alguien capaz de enfrentar a Batman y el Joker se presenta como esa opción. Bruce Wayne vive con esa paradoja todo el tiempo.
Alfred toma un rol más protagónico que en Batman Begins. Pasa de acompañante a pieza clave en las decisiones y la investigación. Lo mismo pasa con Lucius Fox, el personaje de Morgan Freeman. La estructura alrededor de Batman se amplía y se complejiza.
Las cámaras son más dinámicas que en la primera película. Se siente mayor presupuesto, más ambición visual. Nolan filmó secuencias completas en IMAX, algo que en 2008 era prácticamente inédito para una producción de ficción.
Hay un momento a la mitad de la película donde Bruce Wayne se ve obligado a renunciar a Batman. La violencia del Joker se acerca demasiado. Mata jueces, al comisionado de policía, casi alcanza al alcalde. Pero la razón real es Rachel.
Rachel es un personaje más interesante de lo que parece. Genuinamente puede sentir algo por dos personas. Por un lado Harvey, por otro Bruce Wayne. Y el amor con Bruce es prácticamente imposible mientras Batman exista. Es por ese amor que Bruce considera dejarlo todo. Y al mismo tiempo, Rachel queda atrapada, simbólicamente entre Harvey y Bruce, pero también físicamente cuando desaparece.
En ese punto de la película todo está en el fondo. Harvey ya no sabe qué hacer. Batman está renunciando. Rachel desaparece. Gordon, que funciona como la conciencia, observa. Y la locura sigue creciendo. Alfred intenta mantener ese faro, esa luz que guía el actuar de Batman, pero la oscuridad ya está ganando.
Y viene la persecución.
Harvey se entrega haciéndose pasar por Batman. El traslado en la patrulla blindada, el Joker persiguiendo en el tráiler, Batman interceptando en el Tumbler que se destruye y se convierte en el Batpod. Toda esa secuencia fue filmada con efectos prácticos. El volteo del tráiler de 18 ruedas en LaSalle Street, en pleno distrito financiero de Chicago, fue real. Un doble llamado Jim Wilkey manejó el camión y activó manualmente un pistón que lo catapultó. Un solo intento. Una sola toma. Nolan se negó a usar CGI para esa escena.
Y cuando por fin detienen al Joker y lo meten a la estación de policía, viene el interrogatorio. Otra escena extraordinaria. El Joker le dice a Batman verdades incómodas. Le dice que es desechable. Que cuando la gente ya no lo necesite, lo van a desechar como a un leproso. Que los íconos son cómodos mientras sirven. Eso no está mal. Simplemente es así.
Después viene la fábula de Alfred. La historia del bandido en Birmania cuya única solución fue quemar el bosque. La cuenta en dos tiempos durante la película y funciona como espejo de lo que el Joker representa: hay fuerzas que no buscan lógica ni negociación. Solo quieren ver arder las cosas.
La tragedia de Rachel. La transformación de Harvey Dent en Two-Face. Y el plan del Joker que funciona incluso cuando parecía que ya había perdido.
Hay una frase en la escena del hospital, cuando el Joker se sienta junto a la cama de Harvey, que resuena cada vez más. Le dice algo como: lo terrorífico es que nadie se preocupa cuando todo va de acuerdo al plan, incluso si el plan es terrorífico. Esa idea se queda contigo.
Y la pelea final en el edificio. Batman atrapa al Joker, que queda colgado de un cable. Y ahí suelta la frase de la gravedad y la locura: que lo único que se necesita es un pequeño empujón. Lo dice en una posición que parece cómoda, casi complaciente. Me recordó al arcano del Colgado en el Tarot. Esa figura suspendida que no sufre, que está en paz con su inversión del mundo. El Joker cuelga igual. Ve todo al revés y está tranquilo.
Y los perros. Los perros aparecen en toda la película y no es casual.
La palabra "dog" aparece 30 veces en el guion. Los rottweilers del Checheno están al inicio, como defensa contra Batman. Cuando Bruce Wayne visita a Lucius Fox para revisar el nuevo traje, le pregunta cómo va a funcionar contra perros. Más adelante, cuando el Joker toma control de la mafia, también se queda con los perros del Checheno. Los usa contra Batman en el enfrentamiento final. Y la película termina con Batman huyendo, perseguido por los perros de la policía.
Los perros funcionan como motivo del caos. Cuando están con la mafia, atacan a Batman porque amenaza el orden criminal. Cuando están con el Joker, atacan a Batman porque el Joker controla el caos. Y al final, cuando están con la policía, atacan a Batman porque él eligió convertirse en el villano que Gotham necesita. Los perros siempre persiguen a Batman, pero las razones cambian. Y el propio Joker se define como un perro: dice que es un perro persiguiendo autos, que no sabría qué hacer si atrapara uno. Y cuando roba la patrulla, saca la cabeza por la ventana como un perro sintiendo el viento. Los perros son el caos. Y el caos nunca termina. Por eso la película cierra con Batman corriendo y los ladridos haciéndose más fuertes.
No soy crítico de cine. Solo comparto mi lectura. Pero esta película tiene tantas capas que cada vez que la ves encuentras algo nuevo. La vi por primera vez hace años y hoy conectó diferente. Más profundo. A los 50 años ves otras cosas. Ves la fragilidad de los héroes, la comodidad de los símbolos, la verdad incómoda del Joker.
Mi calificación: 10.
Cineclub personal
Es el ejercicio de ver las películas que considero importantes o que simplemente quiero ver. Es una mezcla de gustos personales y recomendaciones. Hay clásicos, películas premiadas, de diferentes gustos, por ejemplo, pasando hasta por el universo Marvel, animación y también estrenos recientes que no he visto.
La lista de las películas que he visto a la fecha la puedes ver aquí.