Cómo me gustan los Juegos Olímpicos
Ciudad de México, 25 de febrero de 2026.
Cómo me gustan los Juegos Olímpicos. Los de invierno y los de verano. No tengo una explicación racional y probablemente no necesito una.
Acaban de terminar los de Milano-Cortina 2026 y no pude verlos como hubiera querido. Se me atravesó Daytona y otros asuntos. Pero lo poco que vi, lo disfruté tanto que me quedé pensando en por qué me pasa esto cada cuatro años.
Yo me dedico a esto. No a los Olímpicos, pero sí al entretenimiento deportivo. Paso mis días pensando en logística, producción, coordinación entre gente que habla distinto, piensa distinto y trabaja distinto, para que algo funcione durante un par de horas frente a un público que no tiene idea de todo lo que tuvo que pasar para que eso sucediera. Lo hago con carreras de autos. Pero cuando veo los Juegos Olímpicos, la escala me aplasta. No es un evento. Son decenas de eventos simultáneos, en varias ciudades, con disciplinas que no se parecen entre sí. Y todo tiene que funcionar al mismo tiempo. Y funciona.
Luego está la televisión.
Hace poco más de un año pensaba que la inauguración de París 2024 había sido el mejor programa de televisión que había visto en mi vida. 85 barcos por el Sena, 320 mil personas en las orillas bajo la lluvia, Celine Dion cantando desde la Torre Eiffel después de años sin presentarse en vivo. Tal vez lo siga pensando. Pero cada vez que veo unos nuevos Juegos veo cómo se superan. La identidad gráfica, los colores, las tipografías. La cantidad de cámaras y la calidad de los camarógrafos. En Milano-Cortina pude ver más tomas con dron. En el salto de esquí, en el slalom gigante, el dron te da una perspectiva que no existía hace un ciclo olímpico. Y la cámara adentro de la pista de patinaje artístico, siguiendo a la patinadora como si estuvieras en el hielo con ella. Eso no es tecnología nada más. Eso es narración.
Y después están los atletas.
Sí, ya sé que hay quien dice que los campeonatos mundiales son mejores, que a veces el número uno no califica, que una lesión cambió todo. Puede ser. Pero en un periodo ridículamente corto de tiempo, los Olímpicos te ponen enfrente a los mejores del mundo con una intensidad que no se repite. El cuerpo humano llevado a un lugar donde ya no parece humano. Hombres y mujeres que dedicaron su vida entera a ser los mejores en algo que la mayoría de nosotros ni siquiera sabíamos que existía como deporte.
No me puedo desprender de mi formación sociológica. Veo en el deporte algo casi totémico. Unos colores, una bandera, una mascota, una cultura. En lo cotidiano le vamos a los Tigres, a las Águilas, a los Delfines. Pero en los Olímpicos eso escala a nivel de país. El Team USA es un fenómeno cultural que no tiene equivalente en ningún otro lugar del mundo. Y para México, para Latinoamérica, para los países que llegan con menos recursos y la misma ilusión, los Juegos representan la oportunidad de competir de tú a tú. Cuando ese deportista sube con todo lo que tiene, sentimos que estamos ahí. Su sufrimiento, su energía, sus lágrimas. Todo eso es nuestro por un momento.
A mí en lo personal me vibran eventos que no son olímpicos. El fútbol americano todavía no llega a los Juegos. El automovilismo tampoco. Un Super Bowl, un Gran Premio de Fórmula 1, la Daytona 500... eso me mueve de otra forma, más visceral, más mía. Pero los Olímpicos despiertan algo distinto. Una emoción que no es solo tuya sino de todos los que están viendo al mismo tiempo en cualquier parte del mundo.
Un detalle que me parece revelador. Si ves las transmisiones americanas de los Juegos Olímpicos, los comerciales son diferentes. Menos cadenas de comida rápida, menos farmacéuticas. Más marcas de lujo, más automotrices premium. Los anunciantes saben exactamente quién está viendo. No es juicio, es segmentación. Y dice mucho sobre el lugar que los Juegos ocupan en la cultura y sobre el tipo de audiencia que atraen.
Nunca he estado en unos Juegos Olímpicos en vivo. Los de Los Ángeles 2028 quedan cerca. Ya veremos.
Mientras tanto, los seguiré viendo desde donde pueda. Porque los Juegos Olímpicos son logística imposible, producción de primer nivel, deporte en su máxima expresión, nacionalismo, identidad y emoción colectiva. Todo al mismo tiempo. Todo en un par de semanas. Y luego se acaba.
Y eso también es parte de lo que los hace extraordinarios.