Cineclub: Dos hombres, Hollywood y el final de una era
No en Ciudad de México, 6 de febrero de 2026.
Avanzando con las películas del cineclub, en esta ocasión vi Once Upon a Time in Hollywood, o Érase una vez en Hollywood, dependiendo de la traducción.
Es la película de Quentin Tarantino de 2019. Dura dos horas con cuarenta minutos y, de entrada, lo que puedo decir es que es una gran película. También es una película que se puede ver desde muchas capas y ángulos distintos. Presenta varias lecturas posibles y, por lo mismo, pretender hablar de una sola sería simplificarla demasiado.
En el fondo, es la historia de dos hombres. De dos arquetipos. Por un lado está Rick Dalton, interpretado por Leonardo DiCaprio, que encarna la crisis existencial de un artista cuya identidad depende del reconocimiento externo. Un hombre que ya vio pasar sus mejores momentos de gloria y que tiene problemas para aceptar el paso del tiempo.
Por el otro lado está Cliff Booth, interpretado por Brad Pitt, que funciona como su contrapunto. Representa una masculinidad práctica, casi fuera de lugar en el mundo moderno, incluso en este 2026. Al mismo tiempo, es un personaje estoico. Y ese estoicismo, al final, no pasa de moda.
La relación entre Rick y Cliff no va de éxito contra fracaso. Va más bien de ansiedad contra estabilidad interior. De alguien que vive atormentado por lo que ya no es, frente a alguien que parece más en paz con lo que es.
La película también me llamó mucho la atención por su estructura narrativa. Comienza casi como un ejercicio de realismo, muy cercano al documental, siguiendo la vida cotidiana de estos personajes. A la mitad, la historia empieza a transformarse en otra cosa, casi en una fábula. El lenguaje visual cambia. Aparecen rótulos, títulos, gráficos, incluso la voz de un narrador. Tarantino utiliza distintas formas de contar una misma historia.
De manera paralela, la película construye una fantasía alrededor de Sharon Tate. Una actriz que, lamentablemente, se hizo famosa por haber sido asesinada por seguidores del clan de Charles Manson. Aquí Tarantino hace algo muy claro. Construye una justicia poética. Le devuelve presencia y vida a Sharon Tate, cambiando un destino trágico que en la realidad fue irreversible.
También está el uso del color, tan característico de Tarantino. Especialmente el amarillo. El color como identidad, como tensión, como violencia. Es un recurso constante y muy consciente.
En el fondo, la película se hace una pregunta que me parece muy interesante. ¿Qué queda cuando la época que nos dio identidad se termina? Por eso esta película sigue resonando.
Creo que es una muy buena película. Tal vez un poco larga para los estándares actuales, donde todos padecemos problemas de atención, pero muy sólida. Hoy me siento cómodo dándole una calificación de 9 sobre 10.
Hasta aquí esta entrega del cineclub. Recomiendo verla. Veremos qué nos depara la siguiente película.
Cineclub personal
Es el ejercicio de ver las películas que considero importantes o que simplemente quiero ver. Es una mezcla de gustos personales y recomendaciones. Hay clásicos, películas premiadas, de diferentes gustos, por ejemplo, pasando hasta por el universo Marvel, animación y también estrenos recientes que no he visto.
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